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Mota!

Jugar al rudo y descorazonado es más fácil que dejar expuesto tu corazón y ser lastimado.

Mota es una perrita de color blanca con una oreja color caramelo y una mancha del mismo color en el lomo casi llegando a la cola, su pelo es alborotado y medio esponjoso, engreída como ella sola, alérgica al pollo, llorona, asustadiza, y con los ojos marrones claros. Mota llego a casa de mis padres el 20 de setiembre de 1999, era una pequeña bola de pelos color blanca, que no caminaba bien, pues se resbalaba en el piso encerado de la casa, lloraba y tomaba leche en biberón, ella llego como un regalo a mi mamá, por parte de una amiga suya, y enseguida me enamoré de ella…se convirtió en algo así como mi hija, al principio entraba en la palma de mi mano y dormía en un cama que habíamos acondicionado dentro de una caja de zapatos mío, pero en la madrugada soñaba y lloraba dormida, así que la subía a mi cama y la apoyaba en una de mis almohadas y allí se quedaba dormida, a la mañana siguiente la bajaba y la ponía en la cajita para que mi mamá no diera el grito al cielo.

Mota creció hasta tener 40 cm de largo y 14 kilos en sus años más mozos, corría por la casa, se comía de vez en cuando las plantas de mi mamá y rompió incontables macetas al bajar corriendo las escaleras, dicho sea de paso, nunca aprendió a subir escaleras, pero si a bajarlas, aunque sólo las escaleras que dan del cuarto piso al tercer piso. Siempre la hemos bañado con agua tibia, pues sino llora como si la estuviesen degollando aún en verano, luego la cepillamos, y la masajeamos por 10 minutos.

Mota ha crecido junto con los niños que mi mamá solía cuidar, y ha envejecido mientras mis sobrinos crecen, todos le han jalado la cola, las orejas, la han –literalmente- arollado con el andador y ella lejos de morderlos o siquiera gruñirles, se queda quieta y llora (su rasgo entre cojudo/masoquista).  Le enseñe a tomar yogurt de fresas con cuchara de plástico, plátano cortado en rebanadas y a separar los alimentos que no le gusta comer con la nariz.  Daba un salto y estaba encima de mi cama, se adueñaba de una almohada y cuando tratabas de quitársela te gruñía, la halaba con sus dientes y se volvía a dormir, incluso acaparaba la mitad de la cama, el lado izquierdo por lo general, a veces se apoyaba en mi brazo y se dormía plácidamente, le gustaba acostarse a mis pies cuando trabajaba en la computadora y hacia la guardia en la cocina, como rezando que algo se nos cayera mientras cocinábamos…sacarla a pasear era toda una odisea, es histérica…supongo que esos arranques los heredó de mi jajaja…hacía un escándalo al llegar a la reja y quería correr despavorida, achorándose a los perros grandes aunque luego temblaba cuando alguno se acercaba a olfatearla.  Se volvió alérgica al pollo y en cuanto tiene una pulga se rasca como desesperada, asi que hay que echarle el antipulgas cada 14 días, toma antialérgicos y sólo come comida procesada de vegetales y cordero. Le encanta la torta helada y los waffles de lúcuma.

Ahora con catorce Verla dormir en la sala hoy en día es algo gracioso, pues no duerme como un perro común y corriente enroscado, sino que se acuesta de lado con la almohada debajo de su oreja izquierda o abierta de piernas como crucificada sobre el piso, roncando. A veces tiene pesadillas y llora dormida y hay que hacerle “piojito” en el lomo para que se calme, luego despierta, nos mira y se vuelve a dormir. Mientras haya alguien en la casa, aun cuando sea durmiendo en su cuarto , eso si con la puerta abierta, para que ella pueda cerciorarse que no está sola, ella está tranquila, pero si ve que todos salen y se queda en casa, ladra, llora, jala el forro del sofá y se orina donde le da la gana, con el tiempo se ha vuelto totalmente dependiente de mi mamá, si no la ve cerca llora, y es que como decimos en la casa, es el miembro más longevo de nuestra numerosa familia. Mota, nuestra viejita, nuestro dulce tormento, ya ciega del ojo izquierdo, sorda y con achaques temporales, con dos operaciones en su haber, siempre se alegra cuando llego a la casa y juaga como si fuese un cachorro, reuda en el piso, llora, ladra y no se queda tranquila hasta que la cargo le doy un beso en la mejilla y le acaricio la panza, luego jugamos un rato en el piso, y cuando ya se canso se acuesta en su almohadón y yo me voy a lavar las manos, a sacudir los miles de pelos perlas en mi ropa, busco su collar y la llevo al veterinario caminando, con esa caminada oronda de vieja coqueta, para que le corten las uñas, la bañen, le pongan su lazo de colores y la recojo a las dos horas inquieta y desesperada por volver a la quietud de su hogar.


Mi mota, se está poniendo vieja y luce cansada, pero para mí siempre será ese cachorro gracioso que se acomodaba en mi almohada y compartía mi cama…mi pequeña, mi princesa, mi hija, mi “familiar”. I love you Mota, ojala lo sepas, lo sientas y cuando ya no estés a mi lado en este plano existencial, te conviertas en uno de mis espíritus guías…mote it be!

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